Boreout: la otra cara del estrés laboral
Nos resulta muy familiar y cercano hablar y escuchar sobre el agotamiento y el estrés laboral provocados por la sobrecarga de trabajo, y de qué manera esto impacta directamente en la salud física y mental de las personas. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando el estrés proviene de la falta de desafíos, propósitos y tareas acordes a las competencias que los individuos pueden desplegar?
El término boreout (del inglés “bore”, aburrido, y “out”, estar fuera) hace referencia a la situación que enfrentan algunas personas al desempeñarse en roles con escazas tareas motivantes y/o que están por debajo de sus capacidades y recursos cognitivos. Esto genera una profunda desmotivación, desgano, falta de concentración y, a menudo, una creciente desconfianza en sus propias competencias y en lo que pueden lograr.
En este contexto, el estrés se experimenta a través de horas interminables en un entorno laboral carente de desafíos, lo que conlleva a una sobrecarga de tiempo improductivo y, en muchos casos, a una infracarga de trabajo.
De forma sintética podemos decir que los tres aspectos fundamentales del boreout son:
1. Aburrimiento: sensación de falta de ánimo y de tiempo vacío.
2. Infraexigencia: percepción de que se puede rendir y producir mucho más de lo que se exige.
3. Desiterés: falta de identificación con el trabajo.
Diversos factores pueden contribuir al boreout; en algunos casos se trata de una mala distribución de tareas dentro del equipo, sumado a la dificultad para delegar dentro de culturas organizacionales rígidas con tareas burocratizadas y con escasa autonomía y capacidad para proponer ideas por parte de los colaboradores. A esto se le puede sumar la falta de valoración y reconocimiento, así como la sobrecalificación de las personas, frecuentemente derivada de un mal proceso de selección.
Las repercusiones en la salud mental de quienes experimentan boreout pueden llegar a ser graves: baja autoestima, pereza, aburrimiento, desgano y una persistente sensación de improductividad, por decir algunas.
Prestar atención a este otro costado menos “ruidoso” del mundo laboral implica, entre otras acciones; revisar los procesos de selección, diagramar y articular asertivamente los puestos de trabajo, desarrollar estilos de liderazgo enfocados en la escucha activa y en el desarrollo de las personas, a través de una delegación genuina de tareas que potencie y desafíe a los integrantes del equipo. También es esencial fomentar entornos donde las personas puedan comunicar lo que sienten (por ejemplo, aburrimiento, desmotivación) sin miedo a ser despedidas o juzgadas.
