Cuando las condiciones de trabajo nos enferman
Para algunas personas, el trabajo, lejos de contribuir al bienestar y desarrollo personal, ha sido generador de fuertes niveles de sufrimiento, malestar e insatisfacción. En otros casos, es el propio desempleo o la inestabilidad laboral la promotora de angustia e incertidumbre, impactando directamente en la calidad de vida personal y familiar.
Asimismo, hay que tener presente que el significado del trabajo para cada una de las personas puede ser distinto; el valor que alguien le da al trabajo dependerá de su historia, de lo que vivenció en su entorno familiar, de sus expectativas, de sus experiencias y proyectos. Dependerá además de la etapa vital en la que se encuentre: un joven profesional que recién comienza quizá valore la oportunidad de aprender, de desarrollarse, en cambio un jefe o jefa de familia, quizá valore más la estabilidad laboral, por ejemplo.
Gran parte de los conflictos entre los grupos se da en ocasiones, porque el significado y sentido del trabajo para cada uno es diferente, y cada persona percibe y entiende la realidad en función de su propio significado. En este sentido, los “choques generacionales“ en las empresas han sido ampliamente estudiados.
Todos estos escenarios, aunque muy diferentes entre sí, evidencian la incidencia del trabajo en el bienestar, la satisfacción y en la felicidad de las personas, para bien o para mal.
En Psicología Laboral se emplea el término de Factores de Riesgo Psicosociales, para atender a aquellas condiciones de trabajo que pueden llegar a enfermarnos y por esta razón constituyen un riesgo. Existen los llamados riesgos físicos para la salud, que resultan más fáciles de demostrar y de comprobar; a modo de ejemplo, si yo no uso todos los implementos de seguridad para trabajar en altura o con corriente, estoy generando condiciones riesgosas para la salud. Los factores psicosociales en cambio, resultan a menudo menos visibles y más silenciosos, de allí la gravedad y la importancia de poder detectarlos a tiempo. Existen una amplia variedad, los más conocidos están vinculados a los estilos de liderazgo, a la carga de trabajo, al tipo de comunicación y modalidad de relacionamiento entre compañeros, a la valoración que se le hace al trabajo de las personas y la posibilidad que éstos tengan de aportar sus ideas y contribuir a los objetivos de la organización, por mencionar algunos.
De esta manera, cuando las condiciones de trabajo están caracterizadas por vínculos poco saludables, poco empáticos y comunicativos, cuando percibo una sobrecarga sostenida de trabajo y poca valoración al respecto, entonces esas condiciones se van configurando en factores de riesgos para la salud. Por supuesto que dentro de esas condiciones existe un amplio abanico y niveles de gravedad. Tampoco debemos pretender que existan organizaciones perfectas, pero si debemos apuntar a generar entornos saludables de trabajo. Hoy se habla de organizaciones saludables, como aquellas que buscan aprender y ser mejores, para cuidar y promover la salud de las personas que la conforman, redundando paralelamente en un mejor rendimiento y desempeño general.
Lo cierto es que, cuando las condiciones de trabajo resultan poco saludables, pueden llegar a enfermarnos, desencadenando una serie de malestares y enfermedades como lo es el estrés laboral, el burn out, la ansiedad, incluso de adicción al trabajo (workaholic) o el aburrimiento desmotivante (boreout). También encontramos las situaciones de acoso laboral (mobbing), tan naturalizadas y solapadas durante muchos años.
En el caso del burn out (metafóricamente “estar quemado”), se trata de un proceso de desgaste extremo en la persona, producto de la fatiga y cansancio profundo prolongado, unido muchas a veces a estados de susceptibilidad y/o de agresividad, afectando el rendimiento de la persona, en tanto ésta se siente “quemada”, con la sensación de no tener nada más para dar. Este tipo de sufrimiento, que se suele dar en personas altamente implicadas, genera consecuencias importantes en la salud, pero también en las organizaciones que pierden un trabajador valioso al no reparar en las condiciones de trabajo. Los grupos profesionales más afectados a nivel mundial suelen ser los trabajadores de la salud, este grupo ocupaba el primer puesto en el ranking previo a la pandemia, y su posición, como se podrá imaginar, continúa acentuándose.
Entonces, atender a la salud mental de los trabajadores, implica, entre otras cosas, atender a las condiciones de trabajo en la que están insertos. Es importante que las organizaciones y sus líderes puedan pensar estos temas y evaluar cuáles son los ambientes que están promoviendo; ¿la empatía es un valor que está presente y se la fomenta? ¿se promueve el trabajo colaborativo? ¿se toman en cuenta las opiniones de los trabajadores? ¿se los involucra en algunas decisiones? ¿se toman en cuenta sus capacidades? ¿Hay una buena distribución de las tareas? ¿O los que están sobrecargados siempre son los mismos?
El primer paso entonces será comenzar a realizarse algunas de estas preguntas, habilitando a pensar qué puede hacer cada uno para generar mejores condiciones de trabajo, qué cosas se pueden cambiar, mejorar y cuáles están bien y por lo tanto debemos reforzarlas y promoverlas. Pensar acciones que permitan generar mejores condiciones de trabajo redundará, no sólo en la salud de todos los trabajadores sino también en el rendimiento y productividad de las organizaciones.
Mag. Lic. Silvana Armand Ugón
